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Noviembre de 2006
Patricio Contreras
No pierde la tonada
Hace 32 años que llegó a la Argentina. Vivió prácticamente en todos los barrios porteños y se destacó en obras emblemáticas del teatro y el cine nacional como
Made in Lanús y La Historia Oficial. Hoy este reconocido actor chileno amante de
Buenos Aires debuta como director de El Manjar.
Una obra de Susana Torres Molina que
se presenta los sábados y domingos en el Centro Cultural de la Cooperación.
 

-¿Te retiraste de la actuación?
-¡De ninguna manera! Yo disfruto mucho siendo actor. No podría dejar de serlo.

-Pero se ve que te gustó el nuevo rol de director…
-Estoy Feliz. La verdad que nunca imaginé que podía ser algo tan conmovedor, tan fuerte. En casi cuarenta años de carrera he trabajado con muchísimos directores, y siempre veía en ellos los sentimientos por los que pasaban al momento de llevar adelante una obra: incertidumbre, inseguridad, bronca, frustación…

-Parece una tortura!
-Pero nunca imaginé que podía ser tan bello estar allí cuando las cosas empezaban a salir. Cuando después de romper tantos huevos la mayonesa comienza a ligarse y todo funciona. Eso es bellísimo.

-Esto es como en el fútbol que cuando un jugador decide ser técnico aplica lo que aprendió de alguien en particular que lo dirigió?
-Es así. En mi vida yo reconozco básicamente a un director chileno que se llama Jaime Vadell. Él me dirigió en la primera obra que protagonicé. Después fuimos compañeros como actores y cultivamos una gran amistad. Es como mi hermano. Me transmitió toda una concepción del teatro e influyó mucho en mí. Como también lo hicieron Linda Ledesma, Lidia Romero, Mónica Echeverría, Leonor Manso, Betty Kaplan…

-¡Todas mujeres!
-Creo tener bastante aligerado el machismo inevitable que llevamos todos en esta sociedad. Básicamente lo que yo he admirado de todos estos directores es que han encarado el teatro con un espíritu lúdico. Entendiendo que esto es un artificio. Que no es cierto ni pretende serlo. Sino que es un juego que buscar ser gozoso para el espectador.

-¿De qué se trata El Manjar?
-La obra transcurre en una habitación del hotel de un pueblito. Un cuarto de mala muerte al que llegan un adulto con una muchacha adolescente que van camino a la ciudad. Pero por problemas de salud del señor terminan quedándose días, tal vez semanas. Es allí donde la chica descubre que este supuesto tío en realidad planea llevarla a un prostíbulo y no a una casa de familia como le había dicho.

-Caramba...
-Esa es la situación básica. A la historia se le suma un personaje más, un muchacho del lugar que entabla una relación con la chica. Luego vemos cómo la convicción, la entereza y la capacidad de soñar de la señorita empiezan a revertir la situación.


-¿Siempre fuiste actor?
-Es lo único que he hecho. En la secundaria era un alumno pésimo porque no me interesaba nada de lo que me podían enseñar. Quizás algo de historia o literatura, los ramos humanistas digamos. Pero química, física, matemática…no. Nunca me esforcé demasiado en comprenderlas. Por eso me costó mucho terminar el colegio. Repetí infinidad de veces. Me da vergüenza decir cuántas, pero fueron muchas…

-¿No llegó un momento en que era más digno abandonar?
-Lo que pasa es que mi padre quería que siguiera. Así que yo ya era un b… grande y seguía ahí… bigotudo! Pero a los 15 años descubrí el teatro. Vi una obra en la universidad de Chile que me provocó una gran conmoción y al año siguiente ya estaba estudiando actuación. Al poco tiempo no tenía dudas de que me quería dedicar exclusivamente a esto.

-Y después te viniste para la Argentina…
-Sí, pero primero estuve cinco o seis años haciendo televisión junto al grupo Ictus en Santiago. Teníamos un programa de humor que duró hasta el momento previo al golpe de Estado. Hasta entonces yo no había salido nunca de Chile. Aunque tenía una gran inquietud por conocer Europa y Estados Unidos.

-¿Y qué era lo que te detenía como para no viajar?
-Lo que estaba aconteciendo en Chile. Todos teníamos una plena conciencia de que el gobierno de Salvador Allende era una cosa que concentraba la atención mundial. Un candidato marxista que llegaba a la presidencia por el voto popular era algo que no había sucedido nunca. Éramos protagonistas de una historia muy importante. Los jóvenes teníamos la sensación de que efectivamente el socialismo estaba al alcance de la mano.

-Pero se vino el golpe de estado…
-Sí. Y después de un año de vivir allí y ver que la cosa se podía prolongar más allá de lo que uno podía imaginar, surgió la idea de venir a Buenos Aires con el grupo Ictus. Así que pedí permiso para salir por 6 meses con la idea de poder ir finalmente también a Europa. Pero acá me encontré con una actividad teatral y cultural tremenda, apabullante.
¡Llegar a Buenos Aires fue una experiencia fortísima!

-¿Cómo le fue al grupo Ictus?
-Bárbaro! Fue importante que hayamos venido con buenas críticas y la repercusión del público. Además muchos actores argentinos se acercaron y nos acompañaron cuando supieron que éramos gente de izquierda que estaba prohibida en la televisión y en la radio de su país. Por eso es que esos primeros meses fueron muy gratos. Al punto que cuando decidí quedarme me hicieron muchas ofertas de trabajo.

-¿Cómo fue la adaptación a la vida de Buenos Aires para alguien que no había salido nunca de Chile?
-Muy fácil. Por esa cosa tan expansiva de los argentinos, tan extrovertida y amistosa. La manera en que le rinden culto a la amistad es algo que yo valoro cada día más y que me ha hecho sentir siempre muy bien.

-¿Dónde te instalaste en esos primeros tiempos?
-Viví primero en la calle Quintana y Callao. En un hotel de por ahí.

-¡Arrancaste con todo!
-No sabía era que era una zona tan cajetilla. Pero era el hotel de un sindicato. Después me mudé más al centro a Junín y Cangallo. Y cuando decidí quedarme compartí un departamento en Río de Janeiro y Sarmiento, en Caballito. Después viví en Flores en la calle Boyacá, en Belgrano en la calle O´Higgins, en San Cristóbal en Carlos Calvo e Independencia, en Constitución en Cochabamba y Bernardo de Irigoyen, y después muchos años en Barracas en la calle Montes de Oca. En Balvanera en la Avenida Belgrano y ahora en Recoleta. Así que conozco mucho Buenos Aires. Porque además me encanta caminar. Para hacer cualquier cosa me las ingenio para que sea caminando. Me tomo ese tiempo y voy descubriendo cosas. Soy un gran conocedor de la ciudad de buenos aires.

-¿Y qué cosas te llamaron la atención de acá?
-Ah las azoteas!

-¿Las qué?
-Las terrazas. Acá todo el mundo quiere tener una terraza y una parrilla. Eso en Chile no existe. Están las casas con un patio grande atrás. Pero a nadie se le ocurre hacer una parrilla arriba de su departamento. Lo mismo pasa con el balcón. Si es más o menos grande acá dicen: “¡Y bueno, metámosle una parrilla!”.

-Otra cosa que te haya sorprendido?
-¡Toman sol como las lagartijas! Eso es una cosa increíble. Casualmente hoy pasaba por el parque Las Heras y me reía viendo a los muchachos en short tomando sol y a las chicas en bikini… Y en el centro los yupis que al mediodía se sacan la corbata y la camisa y se tiran en el pastito. Sorprendente!

-Vos porque no lo necesitás…
-No, claro! Yo soy bronceado de nacimiento…

-De la tonada no perdiste nada
- Nunca me preocupé. Ni de perderla ni de conservarla. Siempre intenté hablar lo más correcto posible y en forma neutra. Cuando advertí lo mal que hablamos los chilenos empecé a corregirlo. Porque hablamos “de garganta”. Algo que probablemente heredamos de los andaluces ¡Hablamos muy arriba! El argentino en cambio saca la voz del diafragma. De abajo. Tiene esa cosa tanguera. En Chile –por ejemplo- es inconcebible que haya un muchacho con la voz de Pablo Echarri. Esa voz aguardentosa que parece que se hubiera fumado un kiosco entero y se hubiera tomado toda la grapa del mundo.

- Perfecto Patricio. Por tu buena onda y como forma de agradecimiento la gente de BODEGAS VINECOL te regala uno de sus exquisitos vinos orgánicos. Mientras que de parte del HOTEL HORIZONTE te entregamos un turno sin cargo.
-Bueno ¡Muchas gracias!

 


Javier Lafuente



Bodegas Vinecol
Hotel Horizonte

 
Backstage
Suena el teléfono en las oficinas de Tarjeta VIP. Es Patricio Contreras quien gentilmente devuelve el llamado y nos invita a la casa para realizar la entrevista.
Una vez allá nos baja a abrir, invita algo de tomar y realiza un par de llamaditos de esos de: “tengo una nota, voy a llegar más tarde”. Para luego sentarse a hablar largo y tendido. Un grande.
Ficha Personal
Actor, Humorista y ahora Director. Amante del teatro, dice que éste es el mejor medio para expresar la palabra, el pensamiento, la poesía y el concepto. Mientras que para el humor, prefiere la tele. Lugar donde protagonizó -por ejemplo- el recordado Buscavidas junto a Luis Brandoni y Roberto Carnaghi, o también Ilusiones, más recientemente con Oscar Martínez y Catherine Fulop. Su primer trabajo de cine en Argentina fue No toquen a la nena (1976). A partir de entonces haría una gran cantidad de películas entre las que se destacan indudablemente Made in Argentina (versión cinematográfica de Made in Lanús) y La Historia Oficial, primer y única obra nacional ganadora del premio Oscar.
 
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