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Noviembre de 2006
Rodolfo Ranni
Ojo que le sale la tanada…
Que mejor oportunidad para entrevistar al tano Ranni que un día después de su cumpleaños. Además justo arrancaba la última semana de Esta noche no, querida, obra que supo encabezar durante tres meses y que se despedía exitosamente del Teatro Astral. Pero Boca había empatado hacía un rato su polémico partido postergado contra Racing y eso lo tenía mal. Al igual que Di Zeo no fue a la cancha.
Pero por otros motivos…
 

-Qué partido el de Boca eh…
-¿¿Lo viste?? ¡No le ganamos más a nadie nosotros eh!

-¿Fuiste a la cancha?
-¡No! ¡No voy más yo!

-Ah no? Por qué?
-Un día me vi mí puteando entre cien mil energúmenos y me dije “¿Qué estoy haciendo?¿Por qué lo tengo que putear al señor que viene a laburar?”. Me pareció horrible. Me sentí pésimo y decidí no volver nunca más.

-Ja! En serio? ¿Te acordás qué partido era?
-Si, claro. Era un Boca – Racing como el de hoy…

-Qué casualidad… ¿Y con quién te la agarraste?
-El tipo se llamaba Roselo. ¡Era un gran jugador! Pero ese día estaba más lento que nunca…

-Las cosas que le habrás dicho…
-Después me enteré que hacía dos meses que no le pagaban. Me sentí tan mal por haber insultado tanto a ese tipo que no fui nunca más.

-Una lástima. Debías ser bueno en eso…
-En que?

-Gritar, insultar. Tenés fama de buen puteador…
-Noooo jeje eso es por una película que hice! Ojo, puteo bien. Pero no soy puteador consuetudinario. En la vida por lo general no lo hago.

-Y en la cancha…
-Ahí era terrible. Tenía el segundo palco en la vieja cancha de Boca. Los jugadores estaban al lado. Los tenía ahí…

-Se ve que tenés muy merecido el apodo de tano. Al margen de que hayas nacido en Italia…
-Sí! Tengo todas las características jeje. He sido el tano Ranni desde siempre… Nací en un lugar llamado Trieste -al norte de Italia-, y a los diez años me vine a la Argentina con toda mi familia. Mi padre, mi madre, mis hermanos…

-Habrás apelado a esos orígenes cuando condujiste tu programa de cocina en la tele.
-Sí, con eso me divertí mucho. La pasé muy bien. Me acordaba de algunas recetas de la familia. De mi abuela, de mi vieja. Fue un gusto que me di…

-No eran platos sofisticados
-No, claro! ¡Andá a decirle a la señora que vive en Sarandí que vaya a comprar pimienta de madrás! Eso lo aclaré desde un primer momento. Quería que fuera como si estuviera en casa: “Cocinar con lo que hay en la heladera”. Si no era así no lo hubiera hecho.


-¿Porqué al momento de irte a vivir a Europa elegiste España y no Italia?
- Uno de los motivos fue el idioma, por mis hijas. Pero se dio así, no es que fue algo muy pensado. Simplemente nos sentíamos más cómodos en España.

-¿Y cómo resultó esa experiencia?
-Buenísima, sobre todo por las chicas. Queríamos que conocieran otra cosa. Que pudieran hacer este tipo de experiencia. Y hoy se la pasan hablando de España, porque estuvieron a una edad adolescente en la que las relaciones son muy fuertes. Fueron cuatro años viviendo en Europa en los que hicieron sus amigos y sus cosas.

-¿Por qué volvieron entonces?
-Se me combinó el trabajo en Argentina de una manera tal que estuvimos casi siete meses sin vernos. Mi mujer y mi hija mayor vinieron dos o tres veces. Pero la más chiquita estaba en el colegio y no podía faltar. Y a mí estar tanto tiempo sin verla se me volvió algo terrible. Ellas decidieron volver para que no estuviéramos tan separados.

- Se te escucha hablar de Argentina, España e Italia con total naturalidad. Como si te diera lo mismo…
-Es que yo soy un desarraigado. Soy hijo de la guerra, nunca viví mucho tiempo en un lugar. Al poco tiempo de nacer fuimos a vivir Venecia. Después otra vez a Trieste. Más tarde Génova, Bari, Génova de nuevo y otra vez Bari. Así que yo puedo vivir en cualquier lado. La verdad es esa.

-Y ahora se viene otro cambio, porque estás terminando la obra Esta noche no, querida.
-¡Última semana! ¡Última bola!

-¿Cuál es el balance?
-Más que positivo. Fueron tres meses con una buena comedia y un buen elenco. La verdad que fue algo muy divertido.

-Ni bien entrás en escena el público te ovaciona…
-Sí. La gente te recibe así. Siempre te aplaude. Una linda costumbre del teatro…

-¿También te ovacionan en Cantando por un sueño?
-Uy eso me divierte mucho! Estoy muy entusiasmado. El otro día le comentaba a Marcelo (Tinelli) que después de tantos años pensaba que ya no había nada nuevo que pudiera hacer en este laburo...

-En serio eh!
-Y apareció Cantando por un sueño jeje. Me pongo muy nervioso pero lo disfruto mucho. Además nos va bien, tengo una compañera que canta como los ángeles.

-¿Qué se siente que a esta altura de tu carrera te tomen examen?
-No, no es un examen ¡es un juego! Lo que me pone nervioso no es que me examinen sino el hecho de cantar. Acá en el teatro estás protegido por un personaje, por una obra. Pero ahí viejo… ¡el que canta soy yo! Y si me sale como el c… ¡es porque canto como el c…! ¡No hay vuelta que darle!

 


Bodegas Vinecol
Hotel Horizonte

 
Backstage
Minutos antes de arrancar la última semana de Esta noche no, querida, visitamos a Rodolfo Ranni en su camarín del Teatro Astral. Por allí fueron pasando uno a uno los compañeros del elenco para saludarlo y él los recibió gustoso. Siempre con la invitación para que se quedaran a charlar, más allá de la nota que estaba haciendo y de que faltaba muy poco para la salida a escena. La negativa entonces era repetida y obvia, pero el tano no la entendía e iba acumulando bronca. Los quería a todos ahí. ¡A la familia unida! Encima la entrevista se fue prolongando y no le quedó tiempo para hablar con ninguno. Por eso cuando se escuchó el anuncio: “5 minutos para salir a escena”, juntamos nuestras cosas como pudimos y escapamos antes de que explotara. Al llegar a la Avenida Corrientes escuchamos su inconfundible grito tanesco:
¡¡¡Ya vaaaaaaaaaaa!!!
Ficha Personal
Su historial en el cine argentino arranca en 1958 con la película “Una cita con la vida”. Desde entonces pasarían alrededor de 40 películas en las que actuó con los más grandes artistas de nuestro país. Se recuerdan por ejemplo “El desquite” -con Julio de Grazia y Silvia Montanari-, “El arreglo” -junto a Federico Luppi y Julio De Grazia- y “Las mujeres son cosas de guapos” -de la mano de los entrañables Alberto Olmedo y Jorge Porcel-. En televisión marcó un hito al frente de “Los machos” y protagonizó otra gran cantidad de unitarios y series como “Zona de Riesgo”. Un ciclo de historias en el que –por ejemplo- supo sorprender e innovar sin ningún tipo de tapujos con un personaje homosexual que se mataba a besos con Gerardo Romano.
 
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